Selena y el hechicero
La plaza central del pueblo era el punto de reunión para todos los habitantes. Un kiosko en el centro en el cual se escuchaba a gritos el informe de los acontecimientos más importantes del día.
Una pequeña banda de tres integrantes con instrumentos musicales viejos y reparados tocaban de dos a tres veces al día. Los vendedores ambulantes se alineaban hacia el lado opuesto de la casa del jefe del pueblo. En cada puesto se encontraban los vendedores de los productos locales como la mantequilla espesa que untaba en mi pan deliciosamente cocinado en el horno de piedra. Las frutas de temporada y aquellas enormes mazorcas que me gustaba comer por las tardes antes de que el sol se oscureciera.
Entre los gritos del anunciador, la música de la banda a medio morir y los vendedores ambulantes fue que caminando entre los puestos de antigüedades lo vi. Alto, esbelto, con brazos fuertes y unos dibujos como runas pintadas en ellos, llevaba una túnica de terciopelo azul oscuro, un sombrero negro en punta alargada, cadenas de oro con incrustaciones de piedras de colores y unas mancuernas de piel que rodeaban sus muñecas. Se detuvo por completo mientras clavaba su mirada en la mía. Me habló en la mente...
-Te había estado esperando, ¿por qué tardaste tanto?
-No comprendo, no nos conocemos. - pensé.
-No lo recuerdas pero nos hemos visto en el pasado y en el futuro. Tú lo pactaste, que nos veríamos de nuevo y seria yo quien te reconocería. Bienvenida mi amor.
Sentí un hundimiento en el estómago cuando en mi cabeza retumbaron esas tres palabras, casi como si yo misma las hubiera dicho.
Él se acercó lentamente y tomó mi mano, dejó una nota que más tarde leería. Era la ubicación del lugar donde nos veríamos a solas. No dijimos palabra alguna, nuestras miradas dijeron más de lo que cualquiera pudiera comprender. Su mano en la mía me hizo sentir la electricidad que me recorría, me trajo a la vida por que yo vivía moribunda al filo de la muerte, en un constante desespero y ansias por no saber que era eso que tanto me faltaba. Y por fin lo había visto...
era él.
Por: Roxana Franco

Comentarios
Publicar un comentario
En agradecimiento al resto de los lectores nos permitimos bloquear comentarios con palabras antisonantes y con falta de respeto al autor.