Selena y el hechicero
La plaza central del pueblo era el punto de reunión para todos los habitantes. Un kiosko en el centro en el cual se escuchaba a gritos el informe de los acontecimientos más importantes del día. Una pequeña banda de tres integrantes con instrumentos musicales viejos y reparados tocaban de dos a tres veces al día. Los vendedores ambulantes se alineaban hacia el lado opuesto de la casa del jefe del pueblo. En cada puesto se encontraban los vendedores de los productos locales como la mantequilla espesa que untaba en mi pan deliciosamente cocinado en el horno de piedra. Las frutas de temporada y aquellas enormes mazorcas que me gustaba comer por las tardes antes de que el sol se oscureciera. Entre los gritos del anunciador, la música de la banda a medio morir y los vendedores ambulantes fue que caminando entre los puestos de antigüedades lo vi. Alto, esbelto, con brazos fuertes y unos dibujos como runas pintadas en ellos, llevaba una túnica de terciopelo azul oscuro, un sombrero negro...