Leo
Él me llama, me pide perdón por haberse alejado... teme por lo que siente y por aquello que puedo sentir yo. Que más da, nos decimos por primera vez que nos queremos y deseamos.
Planeamos nuestro primer encuentro, punto medio Ciudad de México.
Al vernos se nos olvida quienes somos y cómo nos conocimos, nos acercamos para saludarnos pero él me toma por el rostro y me besa, el beso tan esperado, el primero, el que decidirá si habrá química.
En efecto, el beso entregado de ambas partes, siento la energía recorrerme y mi vagina se enciende al rose de sus labios en los míos. El beso que nos ha desnudado el alma y los sentimientos y nos ha dejado vulnerables con el corazón expuesto. Después de varios minutos, nos reincorporamos y las piernas las siento como espaguetis.
Toma mi mano y sin decir nada me dirige a tomar un taxi. Da al taxista una dirección y regresa a mí. Me toma de nuevo por el rostro y me besa, esta vez toca mi pierna izquierda con su mano derecha mientras su mano izquierda me mantiene pegada a sus labios. He dejado de respirar ahora vivo a través de su aire, del oxígeno que me regala entre cada suspiro.
-Leo...- susurro intentando decir algo pero él no deja de besarme.
El taxista anuncia la llegada. Leo paga el servicio y me ayuda a bajar.
Es un hotel de lujo en polanco. -Espero te guste...-dice.
Yo veo aquel lugar y me parece hermoso, como un castillo de cristal.
Él sabe hacia donde dirigirse y con su mano derecha tomando mi mano izquierda, me indica el camino.
Tomamos el elevador y al instante me vuelve a besar, como intentando que el deseo y la temperatura se mantengan hasta que lleguemos al cuarto.
En el elevador va una mujer que trae uniforme y se hace a un lado sin interrumpir aquella exposición de arte barroco.
El elevador se abre y de un salto salimos casi corriendo, Leo me toma de la mano para que haga lo mismo. Corre como un niño cuando ha sonado la campana del recreo, con el mismo ímpetu y alegría me ve y me invita a hacer lo mismo.
Es aquí, me indica abriendo la puerta a toda velocidad.
Sin soltarme de la mano nos paramos frente a la cama, él es tan impaciente como lo soy yo y eso me excita mucho, por que sé que llegaremos al orgasmo en poco tiempo. Lo deseo y él también.
Sus manos son tan ágiles que en menos de un minuto me ha desvestido y en el proceso se ha detenido unos pocos segundos para admirarme. Pasando sus labios por mi vientre y su lengua en mis pezones.
Yo no puedo hacer más que tomarlo por su abundante cabellera, la cual aprieto indicándole mi grado de excitación.
-Despidámonos de ser maestra y alumno.- le digo mientras él por fin ha encontrado mi néctar y de rodillas frente a mí busca saborear el jugo que emana de ella, mi palpitante vagina. La energía que provoca me mantiene alerta, dispuesta a entregarlo todo.
Me tumba en la cama y sigue ahí, fascinado por mi sabor.
Le pido que me deje hacerle un oral y niega con la cabeza a lo que yo me dejo llevar... gimiendo y disfrutando de su lengua tan ágil y poderosa. Me provoca el primer orgasmo y no he podido ni meter las manos.
Justo en el momento en el que me siento más excitada, en medio del orgasmo siento su pene entrando en mí. Su piel suave y la sangre llenándolo, no imaginé su tamaño antes, y aquello es el pene más hermoso, suave y erecto que he visto en mi vida.
Su pecho perfectamente afeitado, su piel humectada y él, entre mis piernas empujando su cadera suavemente, que de pronto toda prisa se detiene para darle paso a ese semental que está frente a mí, con mis piernas de lado a lado decorando sus caderas en un vaivén de gemidos, líquidos y piel desnuda entregándose al deseo.
Mi vagina completamente dilatada sintiendo su pene como la penetra una y otra vez, suavemente mientras observo desde mi posición cómoda, tendida sobre aquellas sábanas blancas su rostro y una sonrisa chueca con una mirada de niño que ha sido descubierto en su travesura.
Sonriendo, continúo disfrutando de aquel delicioso baile.
Mi cabeza da mil vueltas y no logro mantener un solo pensamiento más que el gozo de tenerlo dentro de mí, compartiendo nuestra energía vital en una interacción sexual que por tanto tiempo deseamos.
Pasamos horas disfrutando de nuestros cuerpos, hicimos de todo y no dejamos nada pendiente.
Leo ha pedido servicio a la habitación, nos llevaron sopa, carne, ensalada y pay de queso. Agua y una botella de tinto.
-Brindemos, por todas las noches que estaremos juntos.- mirándome directamente a los ojos Chocamos las copas. Por primera vez me había quedado sin palabras, en silencio y disfrutando de su compañía.
-Que callada mi teacher...- susurró mientras me tomaba por la cintura y me acercaba a él.
-Estoy disfrutando de este momento, no puedo creer que por fin te tenga así de carne y hueso... pensé que nunca podría conocerte y mucho menos todo lo que hicimos.- Sonreí.
-Ya te sonrojaste, no pensé que fueras así de tímida.
-Yo tampoco, pero ante tu presencia me he petrificado.
-Dime, ¿por qué?
-Tienes una personalidad imponente...
-Nooo, no lo siento así.
-Eres, eres, eres un hombre muy especial.
-Ya no de me digas esas cosas que me las puedo creer y me gusta saberme un hombre mortal.
Sin decir nada más me besa y volvemos a encendernos, mi vagina palpita y no deja de mojarse, siente su virilidad y su energía excitante.
-Forelsket...- susurró.
-¿Cómo?
-Forelsket, significa la euforia que sientes cuando te enamoras. Lo leí por ahí y se me vino a la mente.
-De verdad? Y, ¿por qué?
-Por que es justo así como me siento ahora.
-Y, ¿cuánto tiempo crees que durará este foreslket?- pregunté en tono sarcástico.
Se me acercó de nuevo sin decir nada, tocó mi mejilla, me besó una y otra vez sin darme tiempo a continuar mi interrogatorio. <te vas a arrepentir de esto querida, sabes que la idealización nos saldrá cara>. Me dije a mi misma mientras me rendía ante aquel fantástico amante.
Autor: Roxana Franco
Comentarios
Publicar un comentario
En agradecimiento al resto de los lectores nos permitimos bloquear comentarios con palabras antisonantes y con falta de respeto al autor.