Una Norteña en Crisis
No siempre fui una mujer retraída, solitaria, y tal vez, hasta un poco amargada.
Cuando era niña tenía muchas aspiraciones. Quería aprender muchos idiomas. Viajar por el mundo. Vivir en Nueva York, así como la protagonista de un programa de televisión que veía con frecuencia. Escribir mi diario y tal vez algún día ser una escritora reconocida. Quería ser muchas cosas, Quería ser una mujer extraordinaria y sobresaliente. Menos esto, en lo que me he convertido.
Estoy viviendo el sueño medio clasero de los años 90s. El problema es que no son los años 90s, esto es el año 2019. He llegado al punto en el que todo este ambiente superficial de poder solventar la mejor escuela privada para mis hijos, poder tener las vacaciones donde yo quiero, tener una vida social activa, comer en restaurantes caros y exclusivos no llenan más a mi alma.
¿En qué momento llegué a este estilo de vida? Esto jamás estuvo en mis planes y sin embargo, aquí estoy. Asfixiándome entre pláticas sobre cuál de los hijos es el más inteligente, o el mejor atleta, o quien gasta más dolares en sus compras en Estados Unidos. Bebemos vino tinto de los viñedos del valle de Guadalupe y cenamos cortes de carne exclusivos a las brasas.
Intento que mi mente y mis gestos no se unan para hacer complot en mi contra. "Son buenas personas...", eso me digo cada vez que los veo. Puedo reír de vez en cuando sobre las cosas sin sentido que comentan. Pero la mayor parte del tiempo sufro en medio de una vida suburbana norteña que definitivamente no fue hecha para mí.
Y justo ahí, en medio de risas y gritos solo puedo imaginarme estar haciendo una sola cosa, escribiendo una novela.
Por que nunca fui la niña que deseaba un vestido nuevo, o esa adolescente que quería los zapatos de marca, tampoco fui la estudiante universitaria que deseaba salir de fiesta cada fin de semana. Yo era diferente, yo anhelaba la soledad, poder sentarme con mi diario y escribir todo lo que me sucedía. Aprendí a mis 14 años que la vida no me había tocado en modo fácil. Que me habían tocado unos padres de los cuales, tendría que huir si quería sanar. A mis 14 años sentada a un lado de mi abuelito mientras él manejaba para llevarme a la feria del libro en Cintermex comprendí, que mi futuro dependería cien por ciento de mí y de nadie más.
Y lo hice, lo he hecho. Salí adelante, terminé una carrera universitaria y no sólo eso, también hice una maestría en lenguas. Me casé con un hombre maravilloso. Uno que muchas mujeres desearían tener. Trabajo en la universidad con más prestigio del estado. Es mas, justo ahora estoy comenzando el proyecto de tener mi propia escuela de idiomas. Y, ¿qué hago? Paso los fines de semana encerrada, leyendo libros de escritores best sellers, viendo películas basadas en historias reales buscando inspiración. Deprimida hasta los huesos. Tomando analgésicos para mis dolores de cabeza ficticios. Por que no logro dormir naturalmente. Por que mi cabeza es una zona de combate entre mis demonios, mis ángeles y yo misma.
Hoy desperté con la mínima energía de trabajar. Siento que le debo mucho a mis alumnos. Quisiera poder transmitir más y poder dejarles algo. Pero me siento estancada. Siento que estoy parada sobre un pantano. Siento que de pronto saldrán víboras para morderme los pies. Y una gran fuerza que está viva dentro de mi pecho. Me jala a a esta soledad abismal para después mandarme a dormir. Al despertar me encuentro con la sensación de que debería estar haciendo muchas cosas pero no logro recordar cuáles. Entonces, lloro. Lloro como un bebé. Me envuelvo en mis sábanas y me hago diminuta. Pidiendo a la cama que me desaparezca. No quiero ver a nadie. Me la paso posponiendo reuniones. No me siento buena compañía. Siento que las personas merecen a alguien mejor que yo para pasar sus días. Veo mis errores con una lupa. Y no me los perdono. Soy mi peor juez. El más duro y feroz. ¡Ayuda! ¡Necesito ayuda! Pero no se pedirla. Y el aire se me agota. El aire se me va. Y las ganas de estar en este cuerpo se van también.
¿Cómo puedo cuidar a mis hijos si no puedo cuidar de mí misma? ¿Cómo puedo amar a mi esposo si no puedo amarme a mi misma? ¿Qué me está pasando?
Él, me da todo su amor, a su manera claro. Una voz me susurra: no te sabe amar. A veces quisiera que me escuchara con atención. Que me abrazara y me dijera que me ama sin parar. Que derrumbe mis paredes. Necesito tanto amor, cariño, caricias, palabras bonitas. Necesito escuchar que me ama.
La misma voz me cuestiona: ¿Quieres saber como convertir a una dulce mujer en una villana malvada? Te doy una pista, quítale cada una de sus ilusiones no de golpe, no. Quitáselas de poco a poco. Una por una. Mira como se va desmoronando lentamente. Siéntate, tal vez te gustará el espectáculo.
Pero no te quedes hasta el final, es posible que no te gustará.
Autor: Roxana Franco
.jpg)
Comentarios
Publicar un comentario
En agradecimiento al resto de los lectores nos permitimos bloquear comentarios con palabras antisonantes y con falta de respeto al autor.